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Tendinopatía aquílea crónica: por qué los tratamientos convencionales no son suficientes

Tendinopatía aquílea crónica: por qué los tratamientos convencionales no son suficientes

Cuando hablamos de tendinopatía aquílea tratamiento, quedarse en hielo, reposo o antiinflamatorios suele ser insuficiente. Lo que vemos habitualmente en clínica es otra cosa: un tendón que ha perdido calidad de tejido, tolera mal la carga y protesta al caminar deprisa, correr o subir escaleras.

Soy el Dr. José Manuel Sánchez, Doctor en Fisioterapia, fundador de EPI Advanced Medicine® y creador de la técnica EPI®: Electrolisis Percutánea Intratisular. Después de tratar miles de tendinopatías crónicas, he comprobado algo una y otra vez: el tendón de Aquiles no mejora de verdad con recetas genéricas, sino con diagnóstico preciso y tratamiento dirigido al tejido lesionado.

En Cedere, en Barcelona, recibimos pacientes que llevan meses, y a veces años, con dolor aquíleo. Muchos ya han pasado por fisioterapia convencional, plantillas, AINE, reposo, ondas de choque o infiltraciones. Mejoran un poco. Vuelven a correr. Y el dolor regresa, como una cuerda deshilachada que aguanta hasta que se le vuelve a exigir tensión.

Qué es realmente una tendinopatía aquílea

La tendinopatía aquílea es una lesión del tendón de Aquiles, la estructura que conecta los músculos gemelos y sóleo con el calcáneo. Pero no siempre hablamos de una “tendinitis” en sentido estricto. En muchos casos crónicos, más que inflamación aguda, lo que encontramos es una degeneración del tejido tendinoso.

Las fibras de colágeno pierden su alineación, aparecen zonas engrosadas, neovascularización, dolor a la compresión y menor tolerancia a la carga. Es decir, el tendón deja de comportarse como un cable bien trenzado y empieza a funcionar como una cuerda con fibras desordenadas. En reposo puede molestar poco. Al correr o saltar, cambia la historia.

Tendinopatía aquílea insercional y no insercional

La tendinopatía puede localizarse en la inserción tendinosa, donde el Aquiles se fija al calcáneo, o en la porción media, unos centímetros por encima del talón. Y este detalle no es menor. Cambia el modo de cargar el tendón, la progresión del ejercicio y la forma en que planteamos el protocolo de rehabilitación.

En la tendinopatía insercional suele doler más con calzado rígido, al subir pendientes o al forzar estiramientos intensos. En la porción media, en cambio, es muy habitual la rigidez matutina, ese dolor al empezar a entrenar que parece ceder un poco y luego reaparece cuando se acumulan kilómetros.

Síntomas que el paciente reconoce

  • Dolor en el tendón de Aquiles al correr, caminar rápido o subir escaleras.
  • Rigidez por la mañana o después de estar sentado.
  • Engrosamiento palpable del tendón.
  • Dolor al pellizcar o comprimir la zona.
  • Mejoría inicial con el calentamiento y empeoramiento posterior.
  • Recaídas al aumentar volumen, intensidad o desnivel.

Por qué los tratamientos convencionales suelen quedarse cortos

El reposo puede bajar el dolor. Eso es cierto. Pero no reorganiza las fibras del tendón ni mejora su capacidad para soportar carga. Cuando el paciente vuelve al entrenamiento, el problema de base sigue ahí, aunque haya estado silenciado durante unos días o unas semanas.

Los antiinflamatorios pueden ser útiles en fases muy irritativas. Sin embargo, en una tendinopatía crónica el problema rara vez es solo inflamatorio. Si se toman como única estrategia, muchas veces se anestesia el aviso, pero no se corrige el tejido que está fallando.

Con la fisioterapia convencional ocurre algo parecido cuando se limita a masaje, estiramientos o electroterapia. Puede aliviar. A veces alivia bastante. Pero no siempre alcanza la zona degenerada del tendón ni genera una respuesta biológica suficiente para activar una regeneración tisular eficaz.

La carga excéntrica ayuda, y la usamos con frecuencia. Pero debe indicarse con criterio. No todos los tendones toleran el mismo estímulo ni en el mismo momento. En una tendinopatía insercional, por ejemplo, hacer excéntricos profundos sobre escalón puede irritar todavía más la inserción tendinosa. ¿Tiene sentido insistir en un ejercicio solo porque “va bien” en internet? En clínica, no.

En Cedere no descartamos ninguna herramienta útil. Pero las integramos dentro de un razonamiento clínico. Lo primero es identificar qué tejido está lesionado, en qué fase se encuentra y qué estímulo necesita. Nos ha pasado más de una vez ver a pacientes disciplinados, constantes, que hacían todo “correcto” y seguían empeorando simplemente porque estaban cargando un tendón que no estaba siendo tratado con precisión.

Tendinopatía aquílea tratamiento en Cedere: diagnóstico ecográfico y terapia dirigida

Cuando un paciente llega con esta lesión, lo primero que hacemos es escuchar. Parece obvio, pero no siempre se hace bien. Preguntamos cuándo empezó, qué tipo de carga deportiva realiza, qué tratamientos ha probado y qué movimientos reproducen el dolor. A veces la clave está en un cambio de calzado, en una preparación para maratón o en un aumento de desnivel mal tolerado.

Después realizamos una ecografía músculo-esquelética. La ecografía nos permite ver el grosor del tendón, la organización fibrilar, la presencia de neovasos, zonas hipoecoicas, bursitis asociada o afectación en la inserción del calcáneo. No tratamos solo lo que duele; tratamos lo que vemos lesionado y lo que entendemos que está provocando el dolor.

Sin ecografía, el tratamiento se apoya demasiado en suposiciones. Con ecografía ecoguiada localizamos el punto exacto de lesión y decidimos si el paciente necesita EPI®, Micro EPI®, PICA-f, punción seca ecoguiada, ejercicio terapéutico o una combinación de varias técnicas. De hecho, en un proyecto reciente con pacientes corredores, vimos de nuevo lo que ya intuíamos en la práctica diaria: el mismo síntoma puede responder a causas tisulares distintas.

EPI®: actuar sobre el tejido dañado

La EPI® actúa directamente sobre el tejido dañado, sin cirugía y sin tiempo de baja prolongado. Consiste en aplicar una corriente galvánica controlada mediante una aguja, guiada por ecografía, dentro de la zona alterada del tendón. La precisión aquí no es un lujo; es la base del tratamiento.

El objetivo no es “quemar” el tendón ni bloquear el dolor. Buscamos provocar una respuesta local controlada que active mecanismos de reparación, reorganización del colágeno y regeneración tisular. Cuando se trata tejido sano, se comete un error. Cuando se localiza bien la lesión, el tendón recibe el estímulo que necesita.

En tendones más sensibles o en zonas de menor volumen utilizamos Micro EPI®, que permite una aplicación muy precisa y dosificada. Y en algunos casos la combinamos con PICA-f, sobre todo cuando hay un componente fascial o alteración de tejidos peritendinosos. Aunque desde fuera pueda parecer que “todo es tendón”, muchas veces el entorno también está participando en el problema.

Rehabilitación y carga progresiva

La EPI® no sustituye al ejercicio terapéutico. Lo potencia, siempre que esté bien indicada. Tras la intervención pautamos un protocolo de rehabilitación con isométricos, carga excéntrica, trabajo del tríceps sural, control de la pisada y retorno progresivo al deporte.

También realizamos una valoración biomecánica. En corredores revisamos la cadencia, la técnica, el calzado, el desnivel, los cambios recientes de entrenamiento y la fuerza de cadera. El tendón de Aquiles no trabaja aislado. Es el último eslabón de una cadena posterior que, si se descoordina, acaba cargando donde no debe.

Y aquí conviene decir algo importante: no tratamos ecografías, tratamos personas. Un mismo hallazgo ecográfico puede exigir una dosificación distinta según el dolor, la historia de carga y el objetivo del paciente. No es lo mismo volver a caminar sin cojear que preparar una ultra de montaña.

Cuándo acudir a un especialista

Conviene pedir valoración si el dolor dura más de tres semanas, si hay rigidez matutina persistente o si la molestia regresa cada vez que intentas retomar el entrenamiento. También si notas engrosamiento del tendón o dolor localizado al pellizcarlo.

Debes consultar antes si has sentido un latigazo, una pérdida brusca de fuerza o dificultad para ponerte de puntillas. En esos casos hay que descartar una rotura parcial o una lesión más importante del complejo músculo-tendinoso. Y cuanto antes se valore, mejor se decide el camino.

En Cedere tratamos deportistas profesionales, corredores populares y pacientes no deportistas que simplemente quieren volver a caminar sin dolor. Muchos se desplazan desde fuera de Barcelona y desde otros puntos de Cataluña por la experiencia acumulada con EPI® en patología tendinosa crónica. Nos ha ocurrido incluso con pacientes que llegaban pensando que su única salida era dejar de correr. No siempre es así.

Qué puedes esperar del proceso de tratamiento

La primera visita incluye historia clínica, exploración funcional, palpación, pruebas de carga y ecografía músculo-esquelética. No todos los dolores del talón son una tendinopatía aquílea. Puede haber bursitis, irritación nerviosa, fascitis plantar o afectación del sóleo. Por eso no conviene etiquetar sin mirar.

Si confirmamos la tendinopatía, explicamos el estado del tendón y proponemos un plan. Normalmente combinamos tratamiento ecoguiado, fisioterapia deportiva y ejercicio progresivo. El número de sesiones depende del tiempo de evolución, de la zona afectada y de la respuesta biológica del tejido.

El 89% de los pacientes tratados con EPI® en patología tendinosa crónica logran recuperación completa funcional en nuestra experiencia clínica documentada. Pero eso no significa que todos recorran el mismo camino ni en el mismo tiempo. La medicina seria no funciona con promesas vacías; funciona con criterio, seguimiento y adaptación.

En tendinopatías aquíleas crónicas solemos observar mejoría del dolor y de la tolerancia a la carga entre las primeras semanas y los primeros meses. El retorno al deporte no se decide por calendario. Se decide por criterios clínicos, fuerza, ecografía y capacidad real para entrenar sin reactivar la lesión.

Recuerdo el caso de un corredor popular de 46 años que llegaba cada mañana bajando las escaleras de lado para evitar cargar el tendón. A las pocas semanas de tratamiento ecoguiado y progresión de carga bien dosificada, volvió a hacer sus rodajes. No porque “desapareciera” el problema por arte de magia, sino porque el tejido empezó a responder y la carga fue reintroducida con lógica.

Escenario práctico: del tendón crónico al retorno al deporte

Un atleta de trail running con tendinopatía rotuliana crónica de 18 meses de evolución que no había respondido a fisioterapia convencional, AINE ni plasma rico en plaquetas llegó a Cedere con dolor al correr en bajada, saltar y subir escaleras.

Aunque no era una lesión aquílea, el caso ilustra bien cómo abordamos una tendinopatía crónica. Realizamos ecografía músculo-esquelética, localizamos una zona degenerativa en el tendón rotuliano y descartamos una lesión intraarticular significativa. A veces el paciente llega cansado, incluso desconfiado. Es comprensible después de año y medio de recaídas.

El protocolo incluyó EPI® ecoguiada sobre el área alterada, trabajo isométrico inicial, progresión a carga excéntrica, fortalecimiento de cadera, control de la mecánica de carrera y retorno gradual al desnivel. No se indicó reposo absoluto. Se dosificó la carga, que no es lo mismo y marca una diferencia enorme.

A las pocas semanas redujo el dolor en actividades diarias. Más adelante recuperó entrenamientos controlados y, tras completar el protocolo, volvió a competir sin la limitación que arrastraba desde hacía año y medio. ¿La clave? No fue una sola técnica. Fue acertar con el diagnóstico, intervenir donde tocaba y acompañar el proceso de retorno al deporte.

En tendinopatía aquílea aplicamos el mismo razonamiento clínico: diagnóstico por imagen, intervención precisa sobre el tejido lesionado y rehabilitación orientada a la función. Cambia la localización. El principio terapéutico, sin embargo, se mantiene.

Preguntas frecuentes sobre la EPI® y la tendinopatía aquílea

¿La EPI® duele?

La EPI® puede resultar molesta durante unos segundos porque actúa dentro del tejido lesionado. La intensidad es breve y controlada. La realizamos con ecografía ecoguiada para ser precisos y evitar estímulos innecesarios en zonas sanas. La mayoría de pacientes la tolera bien cuando entiende qué estamos haciendo y por qué.

¿Cuántas sesiones necesito?

Depende del grado de afectación, del tiempo de evolución y de la respuesta del tendón. Muchos pacientes necesitan varias sesiones separadas por días o semanas, combinadas con rehabilitación. Después de la primera valoración podemos estimar un plan razonable, aunque siempre se ajusta según la evolución real.

¿Puedo seguir entrenando mientras me trato?

En la mayoría de casos no indicamos parar por completo, sino modificar la carga. Puede ser necesario reducir carrera, cuestas, series o saltos. A veces se sustituye temporalmente por bicicleta, fuerza controlada o trabajo cardiovascular que no irrite el tendón. Pero seguir entrenando no significa hacer como si no pasara nada; significa entrenar con criterio.

¿Qué diferencia hay entre EPI® y la punción seca?

La punción seca utiliza una aguja para estimular tejido muscular o puntos gatillo, sin corriente galvánica. La EPI® combina aguja, corriente galvánica y control ecográfico para actuar sobre tejido tendinoso degenerado y activar una respuesta reparadora local. Son herramientas distintas, con indicaciones distintas.

¿La EPI® funciona en lesiones antiguas o solo en lesiones recientes?

Precisamente muchas indicaciones de la EPI® están en lesiones crónicas. En tendinopatías de meses o años, el tejido puede necesitar un estímulo biológico específico para reactivar su capacidad de reparación. La antigüedad de la lesión no excluye el tratamiento. Pero sí obliga a valorar muy bien el estado del tendón y el contexto del paciente.

¿Cómo sé si mi lesión es apta para tratarse en Cedere?

La forma fiable de saberlo es mediante exploración clínica y ecografía músculo-esquelética. Si el dolor corresponde a una tendinopatía aquílea y existe una zona tratable, planteamos EPI®, Micro EPI® u otras técnicas. Si no es la mejor opción, lo explicamos con claridad. Y eso también forma parte de un buen diagnóstico.

¿Qué ocurre si también tengo fascitis plantar o periostitis tibial?

Es frecuente que un corredor acumule varias lesiones: fascitis plantar, periostitis tibial, sobrecarga del sóleo o esguinces de tobillo recurrentes. En esos casos ampliamos la valoración biomecánica y ajustamos el tratamiento para no centrarnos solo en el Aquiles. Porque a veces el tendón duele, sí, pero el origen del exceso de carga está unos centímetros o unos patrones de movimiento más arriba.

Recuperar el tendón de Aquiles exige precisión, no resignación

La tendinopatía aquílea crónica no debe asumirse como una consecuencia inevitable de correr, trabajar de pie o cumplir años. Tiene un protocolo clínico, un diagnóstico ecográfico preciso y opciones de tratamiento con evidencia cuando se aplican correctamente. Aunque el dolor lleve tiempo contigo, eso no significa que el proceso esté cerrado.

Después de más de 20 años tratando lesiones músculo-esqueléticas en Cedere Barcelona, mi enfoque sigue siendo el mismo: entender qué tejido duele, por qué no se ha recuperado y qué estímulo necesita para volver a tolerar carga. A veces el tendón solo necesita descanso temporal. Otras veces necesita que dejemos de mirar alrededor y entremos, con precisión, en el núcleo del problema.

Si reconoces estos síntomas y buscas tendinopatía aquílea tratamiento, puedes solicitar una primera valoración en Cedere. El Dr. Sánchez y su equipo evaluarán tu caso y te explicarán qué opciones tienes antes de tomar ninguna decisión.